Mentalidad del líder
¿Cómo tener la certeza para pagar el precio del éxito?
Jaime Lokier explica el efecto Batman: sin certeza nadie paga el precio del éxito. Cómo construirla en tu modelo de negocio, en tu empresa y en ti.
Por Jaime Lokier
Respuesta corta
Para Jaime Lokier, una declaración de éxito funciona cuando es corta y cumple cuatro reglas: está en primera persona, en presente, en positivo y habla de pocos conceptos concretos. Se repite en voz alta cada mañana, porque lo que dices programa tu mente con más fuerza que lo que solo piensas.
Hay un ejercicio que, si me preguntas a mí, Jaime Lokier, separa a la gente que se programa para ganar de la que se programa para perder sin darse cuenta: la declaración de éxito. Es tan sencillo que mucha gente lo descarta. Y es tan poderoso que toda una de mis conferencias, Campeón de Mente, lleva el nombre de la historia que lo explica.
A un niño le robaron su bicicleta. Salió corriendo a buscar al ladrón y, como no lo encontró, fue a buscar a un policía para decirle que, cuando lo encontrara, le iba a tirar los dientes. Ese policía entrenaba boxeo en un gimnasio de la zona y, al ver el entusiasmo de ese niño por los golpes, le ofreció entrenarlo.
El niño empezó a entrenar día y noche. Cuando tuvo su primera pelea, ganó, levantó los brazos y le dijo al pequeño público que había en el gimnasio: “Soy el más grande”. A partir de ese momento, cada vez que peleaba, levantaba los brazos y decía “soy el más grande”. Ganó en los Juegos Olímpicos, lo entrevistaron y dijo “soy el más grande”. Y cuando por fin ganó el título mundial volteó y dijo: “¿Ya vieron? Se los dije. Soy el más grande”.
Ese niño era Muhammad Ali.
Lo que yo aprendí de esa historia es que él tenía un grado máximo de confianza en sí mismo, y que algo que lo ayudaba a lograrlo era cómo lo declaraba. Lo decía todo el tiempo, en cada entrenamiento y en cada pelea. Y la clave no era lo que les decía a los demás. Era lo que se decía a él.
Cuando tú dices algo, en realidad estás reforzando tu propia mente. Y las declaraciones son mucho más importantes de lo que creemos, porque casi siempre las estamos usando en nuestra contra.
Cuando cometes un error y dices “qué torpe soy”, o cuando algo te sale mal y dices “yo no soy bueno para esto”, estás llenando tu mente con la información equivocada.
Si yo pienso “soy bueno para esto”, estoy marcando un surco en mi cerebro. Pero si además lo digo, ese surco se hace más profundo. Es como pensar dos veces al mismo tiempo: pienso a nivel de la idea y pienso a nivel de la palabra. ¿Te fijas? Nuestras palabras son más poderosas que nuestros simples pensamientos.
La repetición es la base de la fe, y es la base de la publicidad. Cuando yo estudié mercadotecnia, todo se basaba en eso: repetición, repetición, repetición. Logra que tu público vea un mensaje unas cuantas veces y va a empezar a dudarlo. Logra que lo vea muchísimas veces y lo va a dar por hecho.
Cuando vas al supermercado y ves dos productos en un anaquel, y uno te da más confianza que el otro, casi siempre es porque a ese lo has visto y escuchado más veces. La repetición hace que creamos las cosas.
Entonces, ¿qué mejor que usar ese mismo poder para creer en lo que para ti es importante?
1. En primera persona. Le hablas a tu cerebro acerca de ti y de nadie más. No puedes controlar lo que hace tu pareja, ni tus papás, ni tu jefe. No puedes decir “mi jefe me va a dar un aumento”. Solo puedes hablar de ti.
2. En presente. “Me voy a ganar un aumento” también estaría mal, porque está en futuro. Tienes que convencer a tu mente de que ya eres la persona capaz de lograr lo que quieres. Cuando hablo en futuro no siento las cosas, son algo que va a pasar algún día. Cuando hablo en presente las empiezo a sentir y a vivir.
3. En positivo. Palabras como “no” o “nunca” tu cerebro no las procesa hacia la construcción. En lugar de decir “ya no tengo miedo”, di “soy valiente, tengo todo para vencer mi miedo”.
4. Pocos conceptos y concretos. De todo el sueño que visualizas, elige tres, máximo cuatro cosas: las más importantes, las que más definen a la persona en la que te quieres convertir. Si tratas de hablar de demasiadas cosas, ninguna se va a volver lo suficientemente poderosa.
Te comparto la declaración con la que yo empecé este camino. La idea no es que la copies, sino que con estos mismos principios crees la que sea perfecta para lo que tú quieres traer a tu vida.
“Yo soy un emprendedor imparable.” Así empezaba siempre. Entendí que en este nuevo mundo quería ser emprendedor, no empleado, pero quería ser uno que jamás se rinde. Algo que había marcado mi vida era que me rendía todo el tiempo: duraba muy poco en cada empleo, abría un negocio y lo cerraba, abría otro y lo volvía a cerrar. Así es que lo primero que necesitaba era convertirme en un emprendedor que no se detuviera ante la adversidad.
“Gano millones porque ayudo a millones.” De chiquito me habían dicho que para ganar mucho dinero había que hacer el mal. Esa era la programación que yo traía. Cuando la detecté, decidí buscar justo lo contrario: solamente puedes ganar mucho cuando agregas mucho valor. Por eso la frase no dice solo que gano, sino por qué gano: porque ayudo a muchísimas personas a mejorar su vida.
“Soy el pilar y el ejemplo de mi familia.” Para mí eso era lo más importante: ser el que sostiene a su familia y que estén orgullosos de mí.
“Y soy feliz.” Esa la agregué después, porque un buen amigo me dijo: “Jaime, no puede ser que en tu declaración no digas que eres feliz”.
Cuatro conceptos muy concretos, todos en primera persona, todos en presente, todos en positivo. Corta y fácil de memorizar. Me la repetía todas las mañanas y me ayudaba a creerla. Cada vez que había una adversidad, sabía en mi corazón que soy el pilar de mi familia. Cada vez que tenía una decisión difícil, sabía cuál era la correcta. Y cada vez que alguien me decía “no vas a poder”, yo sabía que claro que iba a poder.
Yo sé que quizás te cueste. A mí fue lo que más trabajo me costó: empezar a decirme cosas me hacía sentir medio loco. Y había frases que me costaba hasta pensarlas. Me costaba decirme “soy exitoso”, “soy feliz”, y ni se diga decirme que tenía todo para ganar millones.
¿Por qué? Porque el mundo nos ha programado para creer que ciertas cosas son imposibles, y pensar en ellas nos genera angustia e incomodidad. Pero esas frases que más te incomodan son las que más necesitas trabajar. Si te duele más, es porque lo tienes peor programado.
Y si sientes que haces el ridículo hablándote a ti mismo todas las mañanas, dame el beneficio de la duda. Es mejor sentirte ridículo un rato que seguir programándote en contra. Lo peor que puede pasar es que, después de intentarlo en serio, digas “ya me di cuenta de que esto no me funciona”.
Dedica el tiempo que necesites a encontrar esos tres o cuatro elementos que son importantes para ti y para tu negocio, y conviértelos en una declaración en primera persona, en presente y en positivo. Como es corta, la vas a poder repetir tantas veces como haga falta sin que te dé flojera.
Agrégala a tu ritual de la mañana: te despiertas un poco antes de lo acostumbrado, que eso también es parte del precio a pagar, visualizas tu éxito y después dices tu declaración. Entonces sí, empiezas tu día.
Si quieres saber de dónde salió mi propia declaración, te cuento mi historia como entrenador de líderes. Al final de cuentas, la grandeza comienza en la cabeza.
¿Cuántas cosas debe tener una declaración de éxito? Pocas: tres, máximo cuatro conceptos concretos. Si metes demasiadas, ninguna se vuelve lo bastante poderosa.
¿Por qué tiene que estar en presente y no en futuro? Porque en futuro lo sientes como algo que algún día va a pasar. En presente empiezas a sentirlo y a vivirlo, y tu mente se convence de que ya eres esa persona.
Si quieres que tu equipo trabaje su mentalidad con este y otros ejercicios de Campeón de Mente, llévame a tu evento.
Si hoy escribieras tu declaración, ¿cuál sería la primera frase?
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